Elige el color
Cada color tiene un significado tradicional —amor, protección, dinero, claridad…— y una duración propia. Más abajo tienes los doce.
MiVelario es un rincón para detenerte, encender una intención y dejar que el tiempo haga su parte. Aquí te explicamos, en pocas palabras, cómo funciona todo: las velas y sus significados, los altares y el tarot.
Eliges un color, escribes tu petición y la enciendes. La diferencia es que arde el mismo tiempo real que tardaría esa vela física en consumirse: no es una animación rápida, es un acompañamiento que dura horas o días.
Cada color tiene un significado tradicional —amor, protección, dinero, claridad…— y una duración propia. Más abajo tienes los doce.
Una intención clara, en presente. La vela la lleva consigo mientras arde. Puedes compartirla por WhatsApp o con un enlace, y quien lo abra verá la llama viva.
La vela se ancla en tu ubicación (tu móvil te pide permiso) y arde con el clima real de ese sitio: el viento la inclina, la lluvia la apaga un poco. Por eso cada vela es única.
Puedes cerrar la app: la vela sigue ardiendo. Una votiva tarda unas 6 horas; una de novena, 7 días. No se puede acelerar — arde mientras tú vives tu día.
Al consumirse, la cera deja una forma residual aleatoria, igual que una vela real. No se puede predecir: es la señal que la vela te trae de vuelta.
Una IA interpreta esa forma junto con tu petición y el color de la vela, y te entrega una lectura personal. Queda guardada en Mis velas, solo para ti.
Pública o privada. Toda vela se enciende en tu ubicación. Si la dejas pública, aparece en el mapa para que otros la vean. Si la dejas privada, solo la ves tú: no aparece para nadie más. En ambos casos, su forma final solo la conoces tú, y su residuo queda en tu mapa como recuerdo del lugar.
Doce caminos. Cada uno con su propósito y su tiempo de quemado.
Un altar es como una vela, pero pensado para no estar solo: lo levantas en un lugar y otras personas pueden sumarse con sus propias velas y plegarias para que no se apague.
El altar se planta en tu ubicación real —la casa de un ser querido, un hospital, un lugar simbólico— con una vela principal que marca su intención. Un altar es siempre público.
Cualquier persona, esté donde esté, puede encender una vela acompañante con su plegaria. Cada vela que se suma mantiene el altar encendido un poco más.
Si tu vela principal se consume pero aún arde alguna acompañante, puedes encender una nueva principal para seguir encabezando el altar.
Si se consumen todas las velas, el altar se apaga. Tú, como creador, seguirás viendo en el mapa su residuo —la forma de cera sobre la base— como recuerdo del lugar.
Usamos el Tarot de Marsella histórico —22 arcanos mayores y 56 menores— y una IA tarotista te lo lee teniendo en cuenta tu pregunta y el área que consultas.
Una sola carta para una pregunta concreta. Directa: ideal para empezar el día o cuando solo buscas claridad.
La clásica de tres cartas: de dónde viene la situación, dónde está ahora y hacia dónde se mueve.
Diez cartas. La más profunda: interior, obstáculos, raíces, esperanzas y el desenlace probable.
Cinco cartas sobre el vínculo: tú, la otra persona, lo que os une, lo que estorba y hacia dónde va.
¿Qué mazo es? El tarot piamontés de F. F. Solesio (1865), un Marsella italiano de hace más de 160 años, en dominio público. El mismo iconograma que usa un tarotista de Marsella hoy. Las cartas se reparten siempre al derecho —Marsella tradicional no usa inversiones.